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Boca Juniors y River Plate, lejos de la lucha por el torneo de Primera División, empataron sin goles en un superclásico intenso y con poco juego, pero con emociones hasta el final.

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La expulsión de Pablo Pérez en Boca fue determinante en el desarrollo del partido, ya que el equipo de Guillermo Barros Schelotto jugó con un hombre menos desde los 12 minutos del primer tiempo.
El partido se jugó en La Bombonera con el arbitraje deficiente de Darío Herrera, el mismo árbitro de aquel incidente que provocó la descalificación de Boca en la Libertadores 2015.

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El comienzo, intenso, dejó en claro que Boca y River jamás juegan por nada. Lejos de la punta ambos en sus respectivas zonas, arrancaron como para dejar bien alta la chapa de un clásico que es único en el mundo. Presión de River, velocidad en los atacantes de Boca y las emociones a pleno.
A partir de la expulsión de Pérez, Boca se replegó y River se hizo dueño de la pelota. Sin mucha profundidad, es cierto, pero con un D'Alessandro que mostraba todo su repertorio, el que tiene tanto de buen juego como de mañas para manejar el partido, bajo la mirada pasiva del àrbitro Herrera.

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Todo se reclamaba a los gritos, todo a mil pulsaciones, con ritmo de superclásico aunque el juego no fuera el mejor en la segunda mitad del primer tiempo. Que terminó con otra baja sensible para Boca, sobre todo pensando en la Copa Libertadores, cuando Gago se tuvo que ir lesionado tras pisar mal, y no por falta de Alario como reclamó Boca.
Así se llegó al tramo final del partido, con tensión hasta el final, y con la idea del empate instalada en los dos: Boca no pudo más que lo que intentó con un jugador menos durante casi todo el partido; y River no arriesgó todo lo que se suponía que podía hacerlo.

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