No bien lo presentaron se bajó del escenario que lo proponía como líder, aunque él sabe bien que cumplió ese rol para llevar a la Argentina a un final del Mundial luego de 24 años. Pero se corrió del foco y pidió que el auditorio del teatro Gran Rex lo acompañe en un nuevo aplauso para el grupo de jugadores que había cruzado el Rubicón. Alejandro Sabella compartió la charla organizada por Consultora Med y Tus Idolos junto con Julio Lamas por más de dos horas y se abrió a contar sensaciones, vivencias de su filosofía como DT, apoyadas en ejemplos recientes, como el último Mundial, o más lejanos, como el exitoso ciclo en Estudiantes. Así como cuando dirige, se la pasó caminando y advirtió: "Debería estar sonando el tema de Frank Sinatra, A mi manera. Porque es mi visión, no significa que sea la verdad", describió Canchallena.

Miró al público y encontró varias caras conocidas: "Los compadezco a los DT del fútbol argentino. Es casi imposible trabajar en estos contextos. Ser entrenador no se lo recomiendo a nadie. No hay vacaciones. Estás en la playa junto al mar y te sueña el teléfono. Es un dirigente: ¡¿Que me vas a vender a quién?! Listo. Después pedís refuerzos: das la lista con A, B, C. Y te traen a E. En la tercera fecha pin, te venden a la figura. No es fácil ser DT, es estresante. Pensé que iban a poner mi foto tironeado de caballos, ja. Porque es así. Los DT somos los Túpac Amaru del siglo XXI. No están los caballos, pero nos tironean desde los directivos, la prensa, los jugadores, el hincha. Lo primero es conseguir el respeto de todos los jugadores. Ahí es donde se libra la madre de todas las batallas", explicó.

Le gusta aprender. Lo toma como un desafío. Habló de la importancia del "equilibrio emocional" para tomar decisiones, le volvió a agradecer a Lionel Messi que privilegió el "nosotros" por encima del "yo" para jugar en el final del Mundial con un delantero menos y como quería el DT. Y sobre la anécdota con Lavezzi, cuando ante Nigeria le estaba dando una indicación y el Pocho le tiró agua, comentó: "Vi un chorro de agua que me pasó por delante. Lo primero que le dije a Pocho fue te felicito porque ya estás jugando como volante, que era lo que quería. Eso fue producto de la empatía que se había generado con el grupo. Yo lo sentí como una muestra de cariño. No le di importancia porque estaba convencido de la relación que tenía con los jugadores".

Reivindica el sentido de "pertenencia", dice que eso se vio en el festejo del plantel argentino tras el gol de Di María a Suiza. Que Javier Mascherano y Juan Sebastián Verón fueron los dirigidos con los que más intercambió ideas de fútbol y destacó una foto donde aparece con el primero: "Fue un abrazo del alma". Pero que eso no sólo se transmite, sino que hay que convencer al jugador. "Yo de chiquito escuchaba mucho. En una final de Estudiantes con Palmeiras, Aguirre Suárez tenía roto el menisco. Le dolía todo. Agarró un corcho y se lo metió en la boca. Jugó así para que el rival no se diera cuenta en qué momento sentía dolor. Cellay tenía un problema en una rodilla y en la charla previa a la final de 2009 con Cruzeiro, en el Mineirao, le digo: Tomá Cristian, acá tenés el corcho. Salió a trabar con todo. De tanto que se tiró al piso, al final le quedó la marca del corcho detrás de la media. Hoy Cellay sigue teniendo el corcho en su casa".

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