Fue una semana complicada con varios frentes para cubrir, sobre todo por la crisis en la AFA, pero se hizo lugar para hablar con Aletandooo.com y mostrar el cambio positivo para que la familia vuelva a los estadios de fútbol sin tener que escapar de una mafia y una violencia ilimitada. Guillermo Madero es el flamante director de Seguridad de Espectáculos Deportivos en el país y mano derecha de la ministra Patricia Bullrich. El camino a seguir es inclaudicable: "Con los barras no se negocia". Para esto se está por presentar en estos días en el Congreso un desafiante proyecto que va más allá de una cambio de oficina: incluye nuevas leyes que endurezcan las penas, freno a la connivencia política y mucha tecnología para ponerle una barrera definitiva a los violentos.

¿Fue una semana difícil por el conflicto en la AFA?
Sí. Se nos complica el hecho de no trabajar junto a la AFA, pero nos sirve para que "se mueva el avispero".

¿Puede llegar a una rápida intervención?
La intervención sería administrativa, para ordenar en seis meses esto, crear la superliga y llevar a la AFA a nuevas elecciones.

¿Al gobierno de Macri le conviene ordenar la AFA?
Los clubes se deben ordenar y se tienen que sanear y eso se hace a través de la AFA. Si la AFA está desorganizada y es un caos, los clubes van a ser un caos. Es fundamental en sinceramiento de los actores.

¿Cuál es el proyecto para poner fin a la violencia?
En principio, el proyecto para terminar con la violencia pasa por sacar a los violentos, y aunque no es todo, es una parte fundamental. Estamos trabajando fuerte en un proyecto penal que en poco va a ser enviado al Congreso y después se va a trabajar en un nuevo sistema de ingreso a las canchas, con la incorporación de la tecnología se pueda apoyar la iniciativa. Estamos trabajando en un marco legal y después vendrá el apoyo de la tecnología.
En el mundo vivimos en la tecnología y en las canchas de fútbol vivimos en la prehistoria. Vamos a trabajar con los controles biométricos faciales o dactilares. Primero vamos por la identificación de los malvivientes. Eso nos desvela, porque las canchas de fútbol son lugares en donde hay grandes anonimatos y en donde las grandes mafias se mueven con solidez. Por eso hay que comenzar con el control personal de esas personas para después pasar al control tecnológico. Pero lo cierto es que es un proyecto que comienza con el control de las personas que ingresan a los estadios.
La seguridad puede ayudar, pero no nos olvidemos que estos son espectáculos privados y que ellos tienen sus potestades privadas, pero que también tienen un impacto público enorme. Creo que ésta es una gran oportunidad para el deporte en la Argentina.

¿Hasta dónde abarcaría?
Tenemos dos maneras de ordenarlo. Por jurisdicción o federalmente, hacemos convenios con las provincias o con una nueva AFA. Para eso necesitamos una AFA más comprometida y ordenada.

¿Y el plazo de ejecución?
Tenemos 3 ejes de trabajo. A corto, mediano y largo plazo. En agosto queremos arrancar con algunas medidas que apuntan al reordenamiento y a la regulación del espectáculo en sí. Comenzar un proyecto que va a llegar a consolidarse en tres o cuatro años. El corto plazo apunta, principalmente, a una reforma penal y al reordenamiento de los eventos futbolísticos. Ya con una AFA más ordenada, vamos a imponerle ciertas pautas y reglas de trabajo, que tiene que ver sobre todo con la regulación del evento.

¿Y la connivencia política?
Creemos en principio que las cosas se ordenan de arriba para abajo. Este es un sistema que estuvo como "patas para arriba". Es un sistema perverso en donde mandan los que no tienen que mandar. Desde el Presidente de la Nación hasta la ministra, pasando por mí, decimos que "no tenemos ningún vínculo con ellos y de ese modo no negociamos". Tienen que ordenarse dentro de las reglas que nosotros pongamos. Después la política es muy amplia y la dirigencia lo es. Por eso, cuando la cabeza está sana es más fácil reordenar el cuerpo. Nosotros tenemos una cabeza clara y, desde arriba hacia abajo, una orden clara. Es por eso que no vamos a negociar. Es clarísimo.

¿Cómo está el proceso de diálogo con los distintos actores?
La desorganización en el fútbol argentino hace que esto sea más complejo. Estamos dialogando y vamos a seguir hablando con los clubes. Tenemos una muy buena recepción y muchos pedidos y muchas demandas. Nosotros le pedimos compromisos y un sinceramiento. Esto quiere decir: "nosotros te ayudamos pero vos ayudanos a nosotros". En lo que es intercambio de información, manejo del club en sí, distintos controles, etc.

¿Cuál es el balance del reciente encuentro en Salta?
En Salta se está trabajando muy bien en la utilización de la tecnología, en el tema de la admisión, tienen un listado con personas con derecho de admisión bastante importante, tienen un control de todo lo que tiene que ver con la animación, que va desde el control de las banderas, los bombos, y hemos visto que han reducido bastante los hechos de violencia. En Salta están yendo por buen camino y eso nos sirve a nosotros como Consejo Federal para ir homogenizando en todas las provincias.

¿Hay otras provincias que sean ejemplo?
Argentina es el ejemplo de todo lo que no hay que hacer. Hay algunas provincias que están haciendo las cosas mejor y Salta es un muy buen ejemplo. Es un ejemplo de tener voluntad de ir hacia eso. De todos modos, las provincias son muy disímiles porque no se pueden comparar Salta con Buenos Aires, por ejemplo, pero la voluntad es fundamental para el cambio.
Además, en Argentina estamos muy retrasados con respecto al mundo, como por ejemplo la organización de los eventos futbolísticos y los barras argentinos son modelos de lo que no hay que hacer y, además, hasta capacitan a barras de parte de Europa del accionar delictivo que ellos llevan cabo acá.
Estamos a años luz de Europa, e inclusive de algunos países de Latinoamérica, como Bolivia, Chile, Uruguay. Tenemos que torcer la vara y poner rápidamente un freno a la violencia.
¿Es una enfermedad social?
En Argentina hay un delito cultural no solo vinculado a las barras sino a toda la sociedad en su mayoría.
En el caso del fútbol, en los últimos 50 años se lo ve como una medida de vida o muerte, más macho o menos macho y mi enemigo es el contrario. Y no como un deporte de caballeros. Se perdieron valores y respeto, en los 80 y los 90, donde se mezclaron con la política. Por eso nosotros vamos al cambio cultural, como eje fundamental. Siempre digo que es necesario cambiar para lograr un cambio.


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