¿Te dolió la decisión del DT y de la dirigencia de despedirte?
Sí. Me agarró de sorpresa, no la esperaba, pero estaba entre las posibilidades. Había que hacer un recambio y me tocó a mí. Yo no me quise ir de esta manera, me quedará una espina clavada de por vida por lo que viví anteriormente en Gimnasia (el ascenso al Argentino A en 2011), porque no me salieron las cosas, no quería dejar el club de esta manera. Como profesional lo tengo que aceptar y espero que Gimnasia se recomponga, de verdad.

¿Qué falló? Había material y jugadores como para no caer en este fracaso rotundo...
Pasaron un montón de cosas: estuvimos en un nivel bajísimo, en el vestuario se ventilaron cosas que no deberían haber salido a la luz y que le hizo mal al grupo. No éramos todos amigos, pero nos faltó la fortaleza de grupo para salir de los peores momentos. Es difícil explicarle al hincha que no quisimos terminar de esta manera. En el fútbol hay un ganador y un perdedor y nos tocó terminar últimos. Pero me voy con la frente alta porque dejé todo en mi paso por Gimnasia, aunque no se me dio.

¿Cuánto afectaron en este proceso la reacción del hincha, los insultos de las últimas fechas y las situaciones extrafutbolísticas que agravaron el mal momento?
Yo, en lo personal, lo sufrí muchísimo. Era llegar a mi casa, ver a mi mujer y que ella me contenga. Uno dentro de la cancha no sale llorando, a las cosas se las guarda y no expresa sus emociones, pero duele. Yo trabajo y vivo de esto e hice muchos kilómetros y es una frustración. Lo de la gente es entendible, pero nosotros somos seres humanos, tenemos familia y lo sentimos. Pero no hay que mirar para otro lado, tenemos que hacernos cargo. Llegué a llorar por cosas que se dijeron en las redes sociales, como que aquella noche yo estuve de joda y no fue así, estaba durmiendo con mi familia. Que el hincha sepa que no le falté el respeto, solo que las cosas no me salieron.

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