Hace 58 años, los amantes del automovilismo de entonces tuvieron frente a sus ojos lo que fue, decididamente, una cátedra de manejo: Juan Manuel Fangio, campeón en cuatro oportunidades, logró su quinta corona después de un traspié a diez vueltas del final de la carrera, en el circuito de Nürburgring, Alemania.

Ese 4 de agosto, "El Chueco" podía salir pentacampeón. Pero sabía que debía hacer frente a una dificultad: a diferencia de las Ferrari, su Maserati 250F debía detenerse en boxes para cambiar neumáticos (eran más blandos pero con mayor adherencia) y cargar combustible. Ante esta situación, Fangio había practicado junto a su grupo de mecánicos la maniobra en sólo 30 segundos.

A diez vueltas del final de la carrera, con el argentino al frente y su seguidor a 29 segundos, decidió hacer la parada obligada. Y ahí comenzó a escribirse otra carrera: sus colaboradores tardaron más de lo previsto, y al volver a la pista se halló tercero, a unos eternos 50 segundos del primero, Mike Hawthorn, a bordo de una Ferrari.

La situación ahora era otra. Y fue en ese momento cuando Fangio sacó su chapa de campeón, con frenadas que escapaban a las referencias y cambios más altos, toda una osadía.

Notó que esta estrategia funcionaba, pero no le alcanzaba para volver a la punta. Entonces, se la jugó: en una temible curva donde todos los pilotos -incluso él- "levantaban", decide entrar a fondo. El auto, literalmente, saltó y cayó en el extremo contrario de la pista, pegado al alambrado. Todo salió como lo esperaba, y se dio cuenta de que con esa arriesgada maniobra, que levantó tierra de la banquina, había obtenido la diferencia que buscaba.

Con una concentración extrema, que él mismo confesó después nunca más volvió a lograr, empezó a romper cronómetros y a superar sus propios tiempos vuelta tras vuelta.

Más de 100 mil alemanes se sorprendían con lo que estaban viendo; Hawthorn y Collins, primero y segundo con Ferrari, lo veían venir. En la vuelta 20 marcó increíbles 9'17"4/10, un promedio cercano a los 148 km/h. A solo una vuelta, pasó primero a Collins y luego, en una curva cerrada a la izquierda, a Hawthorn. Y conquistó Nürburgring: pentacampeón a los 46 años. Al bajar de su auto, Hawthorn afirmó: "Si no me corría, el viejo diablo me pasaba por encima".

Muchos se asombraron de que Fangio hubiese logrado esta hazaña a una edad que consideraban "avanzada". El mismo Chueco se asombró de sí mismo. Según dijo al autor del libro Fangio, cuando el hombre es más que el mito, Roberto Carozzo, "yo no había conducido jamás de esa manera, pero también comprendí que jamás podría ya volver a conducir así. ¡Jamás!".

Según confesó el piloto de Balcarce, por varios días después de la carrera sufrió de insomnio. "La excitación era tal que cerraba los ojos y se me aparecía la carrera una y otra vez, y venían hacia mí los saltos al vacío", relató a Carozzo. Había pasado a la historia.



Fuente: Perfil

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