Los clubes de barrio tienen ese espíritu que los lleva a mantenerse vigentes aun cuando formalmente han desaparecido, dejando un vacío donde antes había un terreno lleno de expectativas. Le pasó a muchos. Le pasó al Club Santa Ana, que era referente en la zona sur hasta que a los dirigentes se les hizo imposible mantener a la familia "santanera" unida. Muchos chicos se quedaron sin su amado club, pero ellos mantuvieron vivo el espíritu de la institución.
Los chicos que jugaban en el terreno donde hoy se encuentra la escuela Walter Adet crecieron, se hicieron grandes y reflotaron aquellos años de intensos juegos para volver a ser protagonistas. Ahora el club se llama Sureños y pocos días atrás dieron un enorme paso en la vida institucional que les permite fortalecer el proyecto y apuntar hacia otros para que la historia no vuelva a repetirse.
Sureños lleva el espíritu de Santa Ana, ya que la mayoría de sus integrantes eran esos chicos que muchos años atrás miraban con impotencia la desaparición del club. Días atrás recibió la personería jurídica y ya cuenta con una comisión directiva para trabajar en beneficio del softbol (tradicional y lento) y también del béisbol.
Ariel Barbuio (presidente), Héctor Marcelo Quartín (tesorero), Alejandro Pereira (vocal), Janet Figueroa (secretaria), Patricia Martínez (vocal), Carolina Martínez (jugadora), Elizabeth Taglioli (vocal), Fernando Torres (órgano de fiscalización) y Sergio Cimino (órgano de fiscalización) son parte de esta renovada familia que tiene más integrantes y dialogaron con El Tribuno sobre esta nueva eta pa.
"Las que se siguieron juntando y mantenían el vínculo de lo que era Santa Ana fueron las mujeres. Ellas continuaron con un equipo de softbol y lo que quedó del club. Y como la mayoría de los maridos las acompañaban a la cancha se estableció en el 2011 un equipo de softbol lento (varones). A partir de allí se fue convocando a quienes jugaban en la primera división de béisbol de Santa Ana para volver a la actividad", comentó Barbuio, quien encabeza la flamante comisión directiva de Sureños.
Los miembros del grupo explican por qué decidieron volver a la actividad bajo un nuevo nombre y no como Santa Ana. "Cuando nosotras volvimos a jugar decidimos llamarnos UpS (Unidas por el Softbol); jugamos un año, pero como no teníamos cancha nuestros encuentros eran eventuales. En el 2010 comenzamos a jugar torneos todos los fines de semana en Cachorros", contó Carolina Tapia. "En su momento estábamos buscando un nombre y optamos por no utilizar el nombre de Santa Ana porque era para un momento nada más, un campeonato. Pensábamos que este movimiento iba a ser ocasional", relató Fernando Torres, otro de los integrantes de la comisión.
De los encuentros ocasionales a la formalidad de una institución con papeles en regla hubo un trayecto que recorrer. "A medida que pasaron los meses Sureños comenzó a involucrarse en los campeonatos nacionales y a los dos equipos existentes (damas y caballeros) se le sumó el equipo juvenil", añadió Patricia Martínez, y Torres agrega: "En el 2012 se establece la Liga Salteña de Softbol con tres equipos y nos vemos en la necesidad de establecer una institución estructurada y el resurgir de Santa Ana". Conseguir la personería jurídica es un respaldo importante para el club. La institución ya está aceptada por los organismos oficiales.
Sufrieron a partir de la impotencia de no poder salvar al club cuando eran chicos, pero ahora viven un nuevo presente lleno de desafíos y proyectos que involucran las competencias locales, nacionales y también la formación de jugadores. El espíritu, las ganas y el orden institucional están y son elementos indispensables para que el club no desaparezca.

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