"Vamos, chango... probá", le grita desde el banco de suplentes a Alvaro Refinjes, antes de marcar el primer gol de Peñarol. No, no fue un hombre quien emitió ese grito sino una mujer. Susana Iturre es la entrenadora de la quinta y sexta división del mirasol; solo lo hace por vocación y por el cariño que siente para con los chicos. Ella es una mujer full time. Es que de lunes a viernes trabaja como empleada doméstica en tres viviendas diferentes; y los sábados y domingos dirige en el campeonato de inferiores de la Liga Salteña y también en un torneo barrial de Miguel Ortiz.
Pero, ¿cómo fue que comenzó a ligarse con el fútbol? Susana contó: "Desde hace cinco años que estoy dirigiendo a este grupo de chicos. Todo comenzó cuando mi hijo no se quería quedar en los entrenamientos. Entonces yo me quedaba a su par y observaba todo. De pronto el equipo se quedó sin profe y, como a mí me gustaba mucho, me ofrecí para acompañarlos los fines de semana. El club me dijo que no tenía un sueldo para pagarme; yo les dije que no importaba".
Cuando comenzó, dirigía los infantiles y novena división y, con el paso del tiempo, fue "ascendiendo" de categoría con el mismo grupo de chicos.
Susana se ocupa del equipo los fines de semana; y de lunes a viernes Pablo Alarcón y su esposo, Carlos Pistán, los preparan físicamente.
"Uno hace de mamá, de enfermera, de técnico y de todo. Me encanta el fútbol, ver los partidos, estar en la cancha. Hago esto por los chicos, porque les tomé mucho cariño. Desde chicos los tengo y uno los ve crecer año a año", explicó Susana.
Su rol de mamá también lo pone en juego en el fútbol. "Cuando me dicen no puedo ir, tengo prueba yo los dejo porque siempre les inculco que es más importante el colegio y que tengan buenas notas. Eso sí, después les pido que me muestren las notas que se sacaron en la prueba, para que no me mientan. Porque si uno no estudia no es nadie hoy en día", contó "Su", como le dicen sus dirigidos.
Y la situación que atraviesan algunos chicos de Peñarol es difícil porque muchas veces en sus casas no hay dinero para comprar botines o guantes. "Algunos chicos me dicen que no tienen botines; por suerte en mi casa teníamos unos botines a los que les cambiamos la planta y están a disposición de los chicos. También me dijeron que no tenían guantes y, como al club no le podemos pedir mucho porque nos están construyendo una cancha, agarré mi tarjeta de crédito y pagué dos pares de guantes para que tengan. Pero lo hago de corazón y porque me gusta. No me importa poner plata de mi bolsillo. Los papas que tienen auto también colaboran mucho porque llevan a los chicos que no tienen para pagar el colectivo", describió la entrenadora.
Susana podría quedarse en su casa los fines de semana y descansar. Pero no lo hace porque, dice, tiene dos grandes motivos. Uno de ellos tiene que ver con el fútbol: "A mí me gustaría que todos lleguen a Primera pero con que llegue uno, dos o tres, me conformo. Me emociona y me dan ganas de seguir, de ayudarlos, alentarlos. Son buenos chicos".
Y el segundo motivo, pero no menos importante tiene que ver con el gran flagelo de nuestra sociedad y su lucha por combatirlo. "Muchos chicos se dedican a fumar, a tomar y a drogarse. Por eso yo digo: si los padres los mantienen ocupados con el estudio de lunes a viernes; yo los mantengo ocupados los sábados y domingo con el fútbol. No me gustaría que ninguno de estos chicos se me vaya o que encontrarlos en malas condiciones", dijo Susana, convencida de que aporta un granito de arena para la contención de los chicos. Y seguramente es así.

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