La brecha entre los rendimientos de Argentina en los partidos frente a Colombia y Paraguay con el perdido ayer contra Chile fue grande. Mucho para un equipo que cuenta con los mejores jugadores del planeta, pero que ayer cayeron sin tener la misma idea futbolística de los encuentros anteriores.
Y la idea viene del entrenador, del Tata Martino que se equivocó en el planteo y también en los cambios. El DT apostó al contragolpe y no a crear juego a partir de la posesión. Durante los 90 minutos y el alargue, Chile dominó la mitad de la cancha y atacó por la dos bandas, situaciones que no lograron ser resueltas y que obligaron más a defender que a atacar. El equipo nunca estuvo a la altura de la final y los cambios tampoco ayudaron. Ezequiel Lavezzi poco creó por la banda derecha, Gonzalo Higuaín no peso adelante y, además, volvió a fallar una situación clara como la que tuvo frente a Alemania hace un año. Ever Banega tampoco fue una respuesta positiva corriendo siempre desde atrás.
Martino eligió dejar a Carlos Tevez en el banco y es difícil entender por qué lo hizo. El Apache mereció mucho más minutos de juego no solo en la final sino en toda la Copa América.
El Tata suma un nuevo fracaso en sus antecedentes más cercanos como entrenador. En el Barcelona se fue por la puerta de atrás sin haber ganado nada y su camino en la Selección argentina comenzará a ser cuesta arriba tras perder la final frente a Chile.
En síntesis, Martino chocó dos Ferraris en dos años.

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