Más de 50 mil fanáticos tiñeron de rojo y blanco la histórica noche de consagración de River en la Copa Sudamericana y disfrutaron de una impecable fiesta de coronación, que culminó con una vuelta olímpica del plantel "millonario" en un ómnibus descapotado, a la luz de fuegos artificiales que estallaban en el cielo.
Apenas el árbitro uruguayo Darío Ubriaco marcó el final del encuentro, el Monumental explotó de júbilo después de que la multitud hiciera temblar los cimientos del estadio saltando al unísono y cantando de alegría por la victoria, con alguna que otra burla a los "primos" de Boca incluida.
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Enseguida, personal del club llevó al campo de juego el cotillón preparado para la celebración, con sombreros y banderas -decoradas con el nombre de un sponsor del equipo-, y los integrantes del plantel junto con un emocionado entrenador Marcelo Gallardo se subieron a un ómnibus descapotable para emprender la vuelta olímpica, inmediatamente después de la ceremonia de entrega de premios y de la copa.
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Las luces del Monumental se apagaron y con las tribunas repletas de público -nadie de quería perder la fiesta- los flamantes campeones recorrieron el perímetro del campo y saludaron a los fanáticos, en una noche de antología para un club que no ganaba un título internacional desde 1997. Prolijamente organizada, la vuelta estuvo acompañada por un show de luces y fuegos artificiales que iluminaban el cielo de Núñez y le pusieron un bronce de oro al festejo, al compás del "dale campeón" y las infalibles burlas al eterno rival Boca -al que River se dio el gusto de eliminar en las semifinales de este certamen-.

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