Fui primero a cubrir unas elecciones en Colombia, luego a México. Cuando llegué acreditamos a un colega salteño que trabajaba allá, Julio Giliberti, me ayudó con fotos y las notas. En ese tiempo no había internet. Mandábamos a través de una teletipo (dispositivo telegráfico de transmisión de datos). En esos tiempos la Selección iba a una sola sede, no como ahora que van de acá para allá. Argentina estuvo en el club América. Ir a la concentración era otra cosa. Ibamos todos los días, los 100 periodistas argentinos acreditados, a las 12 en punto; a las 1 nos sacaban. Bilardo era un obsesivo pero nos daba una hora para hablar con los jugadores. Cara a cara. Entrenaban de 12 a 14 porque a esa hora se jugaba los partidos. Nadie daba dos mangos por esa Selección.
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Lo impactante no fue el partido con Inglaterra. No solo por la ocurrencia y picardía criolla de Diego Maradona; de meter la manito en el primer gol, sino por esa fantástica jugada que significó el segundo gol de Argentina. Además la historia de Malvinas estaba fresquita y Maradona le quería dedicar el triunfo a los chicos de Malvinas. Hizo esa gran jugada. En el Azteca, con 100 mil personas, me sentí como en una colmena por el murmullo. La gente comentaba con gran admiracion lo que había hecho un argentino... una cosa espectacular.
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En la semifinal, ya ganaba 2 a 0, Maradona, a lo Messi, le dio un pase a Valdano que que había bajado a ayudar a los defensores, cruzó toda la cancha y la tiró arriba del travesaño, se sintió tan mal que no quiso hablar con nosotros, estaba enojado con él mismo. Luego nos atendió y nos explicó todo. Pero había corrido desde su campo, a 2000m. la altura, bajo el sol de las 12, llegó muerto.
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La final fue emocionante, con colegas de La Nación y Crónica empujamos un portón para meternos al vestuario. Luego me metí por un pasillo y me lo encontré solito a Pasarella. "No quiero notas", me dijo, "solo vine a saludar a los campeones, son ellos, yo no me siento campéon". Pasarella no se hablaba con nadie, no había jugado por una enfermedad y luego por lesión, pero Bilardo lo mantuvo. Daniel me atendió porque su padrino, el tucumano Hernández, que había sido DT de Juventud Antoniana, me lo había presentado. Una anécdota muy linda. Para mi fue un honor representar a Diario El Tribuno.

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