Una de las condiciones para ingresar en el Hall de la Fama de Twickenham es "haber contribuido a añadirle magia" al estadio. Así lo refleja un panel en el museo situado debajo de una de sus tribunas. El rugby tiene poco de sobrenatural, pero su esencia sí guarda, como ningún otro deporte, una íntima relación con cuestiones espirituales. Y no en vano la casa del seleccionado de Inglaterra, el país donde nació el rugby, recibe el título de la Catedral.
Ahí se disputarán, entre hoy y mañana, las dos semifinales del Mundial y, el próximo sábado, será el escenario que coronará por segunda vez en la historia a un campeón del mundo, con Los Pumas como protagonistas centrales. Su presencia, sin duda, le añadirá una nueva cuota de misticismo.
Ubicado en la localidad homónima, al sudoeste de Londres, el estadio de Twickenham fue inaugurado en 1909, luego de que la Rugby Football Union (la unión inglesa de rugby) adquiriera un predio destinado a plantaciones de repollo, razón por la cual por muchos años fue conocido como "The Cabbage Patch". Por las cuatro hectáreas se pagó 5572 libras esterlinas. Al año siguiente, el seleccionado local enfrentó a Gales en el primer partido internacional que disputó allí, cifra que hoy asciende a 291.

Desde entonces, el estadio fue testigo de varios de los partidos más trascendentes de la historia del rugby. El más recordado, sin dudas, es la final del Mundial de 1991, en la que los locales vieron cómo en su propia cara la reina Isabel II le entregó la Copa Webb Ellis a John Eales, el capitán de Australia, luego de la victoria de los Wallabies, por 12-6.
. El más recordado, sin dudas, es la final del Mundial de 1991, en la que los locales vieron cómo en su propia cara la reina Isabel II le entregó la Copa Webb Ellis a John Eales, el capitán de Australia, luego de la victoria de los Wallabies, por 12-6.
Otro encuentro memorable fue la semifinal del Mundial de Gales 1999, cuando Francia venció a Nueva Zelanda 43-31, considerado el mejor partido en la historia de los Mundiales. Los hombres de negro se imponían con autoridad gracias a la potencia de Jonah Lomu, pero los franceses respondieron con garra. Para ese entonces, el estadio todavía no contaba con su fisonomía actual: la última remodelación se produjo en 2005, cuando se extendió la capacidad a 82.500 espectadores que puede albergar en la actualidad, lo que lo convierten en el cuarto estadio más grande de Europa.

En la otra semifinal de 1999, también disputada en Twickenham, como ahora, Australia venció a Sudáfrica, camino a su segundo título en el Reino Unido. Mañana, ante los Pumas, los Wallabies se presentarán allí por cuarta vez en este Mundial, luego de vencer a Inglaterra, Gales y Escocia. Su récord en Twickenham en Copas del Mundo es de cinco victorias en cinco partidos.

Pero los Pumas también tienen buenos recuerdos en este mítico escenario. Su primera presentación fue en 1978, cuando igualaron 13-13 con Inglaterra XV, en uno de los primeros logros de un equipo que empezaba a asomar en la escena mundial Pero los Pumas también tienen buenos recuerdos en este mítico escenario. Su primera presentación fue en 1978, cuando igualaron 13-13 con Inglaterra XV, en uno de los primeros logros de un equipo que empezaba a asomar en la escena mundial
. En ese partido jugó Hugo Porta y se ganó un lugar en el Hall de la Fama del museo; la camiseta que usó ese día Enrique Topo Rodríguez, pilar argentino que luego representó a Australia, está ahí inmortalizada. El más recordado de los siete partidos disputados
por Los Pumas es el de 2006, cuando ganaron por única vez (25-18 a Inglaterra), con 22 puntos de Federico Todeschini. Otro partido recordado, pero no por lo bueno sino por lo negativo: fue la derrota 51-0 ante Inglaterra en 1990, partido en el que Federico Méndez, a los 18 años, que vivía su primera gira con el seleccionado, vio la tarjeta roja por una terrible trompada al segunda línea Paul Ackford, quien quedó knock-out.

La historia de las telecomunicaciones también pueden ser contada a través de Twickenham. En 1927, la BBC realizó la primera transmisión en vivo de un evento deportivo cuando llevó a los escuchas las alternativas de Inglaterra vs. Gales. 'No digas malas palabras', fue la consigna que recibió el improvisado comentarista Teddy Wakelam, ex capitán de Harlequins. Cumplió y se convirtió en la voz de la radio inglesa por muchos años. Y en 1938, los afortunados que tenían televisión, pudieron ver cómo Robert Wilson Shaw anotaba uno de los try más famosos de la historia y le daba la victoria a Escocia, en el primer partido de rugby televisado. Y éste Mundial mostró cómo la tecnología puede ser utilizada al servicio del rugby con la implementación del Ojo de Halcón para el TMO Y en 1938, los afortunados que tenían televisión, pudieron ver cómo Robert Wilson Shaw anotaba uno de los try más famosos de la historia y le daba la victoria a Escocia, en el primer partido de rugby televisado. Y éste Mundial mostró cómo la tecnología puede ser utilizada al servicio del rugby con la implementación del Ojo de Halcón para el TMO.

Desde la prematura eliminación de Inglaterra ya no se escucha más el Swing Low, Sweet Charriot, un clásico gospel adoptado como un himno del rugby inglés en 1988, en un partido ante Irlanda. Siguiendo una tradición de su colegio, un grupo de alumnos de la escuela pública de Douai entonó la canción luego de un try del wing Chris Oti. Lo repitieron cuando apoyó el segundo, esta vez con mayor respaldo, y para el tercero ya habían contagiado a todo el estadio.
Twickenham volverá a cobrar vida este fin de semana. No será un simple testigo del tramo más emocionante del Mundial, sino que aportará su propia cuota de misticismo. Y los Pumas serán parte de él.

Por Alejo Miranda (Diario La Nación)

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