Del Potro está 0-2 abajo. Croacia se relame. Pero el maratonista disfrazado de tenista que tenía el equipo argentino sigue de pie. No para de correr. Se pone 1-2, empata, doblega a Cilic, lo "quiebra" por completo. Cinco horas después, Argentina lo hizo. Perdón, Delpo lo hizo. La responsabilidad grande como la nación recae en Delbonis, ese héroe inesperado, el respaldo que necesitaba Juan Martín, el sostén, la sorpresa, la credulidad, la extensión de un crédito agotado. Y de ser uno más del montón, pasó a ser el jugador que le dio al país el punto de la gloria menos pensada. Se pone 2 a 0 arriba casi sin darnos cuenta. Se congela el Arena Zagreb. Una parte. Una porción sigue ardiendo de fervor. El gigante -Karlovic- se vuelve pequeño. Está entregado. Ya no tiene fuerzas para remontar tremenda paliza de alta concentración y precisión. Delbonis era "la clave" de una coronación histórica. Y chau mufa. Chau pronósticos devastadores. Chau incredulidad. Chau campeonatos morales. Y venga ese abrazo, con lágrimas, emoción, con el corazón. Un desahogo atragantado por más de 20 años. Vengan los aplausos, que ardan las manos, para un grupo de jugadores que le mostraron al mundo lo que un argentino es capaz de hacer, de vez en cuando, en la adversidad. Un abrazo gigante para un deporte que lejos está de ser el más popular. Una disciplina con el egocentrismo como vedette. Un especialidad que casi no comparte logros. Pero un día, 20 años después de los primeros rastros del tenis en los inicios de 1900, un tal Dwight Filley Davis le despojó el individualismo exclusivo creando esta copa mundial. Y si de luchar en equipo se trata, a la Argentina llamaron a su juego. Un país más acostumbrado a los logros de manada. Y se mezclaron la sabiduría, la estrategia y el cerebro de un capitán, con la fuerza de un líder, un referente, un crack; y un trío por ahí, y otro grupo por allá, de especialistas que complementó en lo emocional, que regó tranquilidad en momentos bravos, que acompañó desde el anonimato y con otras cuestiones que quizá nunca se revelen con claridad. Argentina fue un equipo, aunque a la hora de los bifes se resuelva de a uno, y se hizo fuerte de afuera para adentro. Un equipo campeón que le devuelve al país un poco de tanta gloria perdida en el deporte.

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