El conflicto que se originó entre los clubes Juventud Antoniana, Gimnasia y Tiro y Fénix con la Asociación Salteña de Vóleibol es un atentado contra la disciplina misma, pese a quien le pese, una disciplina casi olvidada en Salta.
Desde la falta de compromiso de los clubes con respecto a la presentación de la categoría sub-13 hasta la decisión de la entidad de desafiliar a quienes tiene ganas de seguir jugando al vóley.
Los jugadores son el patrimonio más valiosos que tiene la ASV, y dejándolos de lado no alienta al crecimiento, sino todo lo contrario.
Se debía aplicar una sanción ante la falta que cometieron los clubes de comprometerse al algo que después no cumplieron, pero dejar al certamen de primera en varones mayores con solo seis equipos no es la solución adecuada y reduce al torneo, que de por sí ya era chico, a algo más pequeño. Habrá también menos competitividad y menos oportunidades para el desarrollo de este deporte en nuestra ciudad.
Sanciones se podían aplicar de todos los gustos, desde el descuento de puntos, una económica más fuerte que la que impusieron y hasta que los clubes se vean obligados a realizar donaciones a instituciones más chicas podrían haber sido castigos para esos equipos.
Coartar la posibilidad de jugar y de tener un certamen atractivo es un paso atrás. El torneo seguirá su curso pero no tendrá el peso atrayente que debe tener toda competencia; Bancario y Central Norte, que no son culpables de este conflicto, tienen casi el camino allanado para que alguno de los dos sea campeón del Torneo Anual.
Restar, no sirve. Sumar es el camino. Ese es un mensaje para que todos los protagonistas del vóley salteño lo entiendan.
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