Para quienes no practican trail running, es difícil imaginar a una persona correr desde el amanecer, pasar la mañana, toda una tarde y seguir a un determinado ritmo de madrugada hasta por fin llegar a la meta al otro día, cerca de las 10, en un terreno desconocido, lleno de cerros, donde no solamente se desgasta el físico, sino también la mente de cualquier mortal. Eso es lo que tuvo que recorrer, en poco menos de 30 horas -en 160 kilómetros- Leonardo "Tano" Ísola en la legendaria competencia de Leadville, Estados Unidos, apenas unos días atrás e increíblemente llegar a destino para marcar un antes y un después en el deporte salteño (y también argentino).
Horas después de haber arribado a su provincia natal, Ísola dialogó con El Tribuno sobre lo que fue para él tocar el cielo con las manos y convertirse en el segundo representante nacional en decir presente en el estado de Colorado.
"Si bien toda mi vida hice deportes, desde 2008 comencé con el running, en el Biatlón de la Cumbre. Ya en 2011 me metí de lleno en el trail running que desde ese tiempo es mi deporte básicamente. Un año después pensé que algún día tenía que correr Leadville, que es una competencia legendaria en Estados Unidos", contó en el ciclo de diálogos en vivo, donde los entrevistados interactúan con los seguidores de El Tribuno en Facebook.
"Estuvieron representados 38 países, fui el único argentino, el segundo que compite en ese lugar. Así que desde enero comencé a prepararme cuando me enteré que quedé".
Es tan difícil el circuito que apenas cumple su desafío la mitad de los competidores y esto Ísola lo tuvo en claro desde la largada.
"Sabía que históricamente solo llegaba el 50%, así que mientras me preparaba, miraba alrededor y sabía que uno de cada dos, iban a completar".
Respecto al inicio a pura adrenalina, el salteño comentó que "largamos a las 4 de la mañana y si bien había 30 horas para terminar la carrera, hay cortes desde los primeros 20 kilómetros, por eso hay que salir a buscar la carrera desde el comienzo, aunque hay que ir gestionando el sueño, el hambre y un montón de cosas más".
Pese a que cumplió su lema de "competir como amateur, entrenar como un profesional", Leonardo no la pasó muy bien en diferentes tramos, especialmente a la mitad: "Tuve mi punto de quiebre después de los 70 kilómetros, a una altura de 4.000 metros. Me sentí descompuesto, por eso a partir de ahí comencé a hacer un trabajo psicológico para mantenerme y llegar como sea y así fue como llegué a 17 minutos del cierre de carrera".
Por último, y después de un interesante ida y vuelta con los lectores de El Tribuno, el Tano dejó un claro mensaje: "Cualquiera que le ponga las mismas ganas lo puede hacer". Su recompensa fue haber cumplido su sueño y traer la hebilla de "menores de 30 horas".

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