Desde temprano por la mañana, Valentina se alista para realizar los quehaceres diarios en su casa hecha de piedra y barro. Se coloca su buzo de lana, un pañuelo en la cabeza y encima su clásico sombrero de paja para luego ir al corral donde tiene a sus ovejas, chivos y corderos que cría con mucho afán.
Ella siempre vivió en el paraje Ojo de Agua y orgullosa manifiesta: "Aquí he nacido y aquí voy a morir".
Valentina confesó que vivir ahí ya no le es fácil debido a la edad. Ya no le es posible realizar su travesía de seis horas a pie desde su casa hasta San Antonio de los Cobres para comprar víveres y el forraje para sus animales. Sin embargo, ella con sus 74 años aún tiene la fortaleza de arrear su ganado montaña arriba como si nada.
Vive sola. Pero de tanto en tanto su nieta, Olmo Elizabeth del Valle, la va a visitar y en esta ocasión esa visita coincidió con el paso del Dakar, justo frente a su casa.
"En noviembre me vinieron a pedir permiso para que la carrera pase por aquí y no pude negarme", dijo Valentina.
Esta fue la primera vez que la competencia pasó por Ojo de Agua y la idea le agradó mucho a su nieta. "Me gustaría que pase de nuevo por acá y más seguido", indicó Elizabeth.
Cerca de las 14, abuela y nieta disfrutaron juntas el paso de las primeras motos en competencia por el frente de su casa. Luego de un tiempo Valentina puso manos a la obra y sacó a pastar sus animales perdiéndose por detrás de una de las montañas del lugar, como lo hace habitualmente. El Dakar rompió el silenció característico en Ojo de Agua y en muchos otros puntos en su recorrido.

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