Alejado de los cuadriláteros hace ya 43 años, Víctor Cárdenas disfruta de la tranquilidad de su hogar junto a su familia.
Dedicado a la venta de comida y a la atención de una canchita de fútbol 5, el excampeón argentino gallo pasa los días en total armonía. Pero cuando recuerda sus días como boxeador, la emoción se apodera de él y hace que sus piernas se muevan como aquel pibe que se consagró en 1968, sin importar sus 71 años, mientras relata aquella victoria ante Alejandro Juárez.
La vida no ha sido fácil para Víctor, porque en una época lo golpeó tanto que estuvo a punto de dejarlo nocaut. Pero como todo campeón, Cárdenas se puso de pie nuevamente y recordó junto a El Tribuno su intrincada travesía.

¿Qué le dio el boxeo?
Me dio muchos amigos, gente conocida, no le llevaba el apunte a la plata. Recorrí varios países de Sudamérica también gracias al boxeo.
Si muero y reencarno, volvería a ser boxeador y uno mejor, porque al boxeo lo llevo en el alma. Todos los días a las 5.45 me levantaba e iba una semana al cerro San Bernardo y otro al hipódromo a correr. Todo para estar bien en las peleas y poder lucirme en el último round, era lo que más me gustaba. Mi habilidad eran las piernas y las usaba; además jugaba contra las cuerdas como forma de mi estrategia. Siempre lo hice con mucho amor al deporte.

¿Sigue teniendo contacto con gente del ambiente?
A veces recibo llamadas de gente que vio peleas mías. El otro día me llamaron de Tucumán porque recuerdan el KO a José Viroche. Un gran boxeador que en Tucumán lo hacían campeón del mundo, pero que tuve la suerte de hacerlo caer en el quinto round. Fue una gran pelea, con todas las localidades vendidas, récord en recaudación. Protagonizábamos el duelo de semifondo y encima yo llegué tarde, porque no encontraba auto para llegar al lugar desde el hotel en el que estaba. El ambiente era hostil, porque la gente me pateaba y pegaba en la cabeza camino al cuadrilátero, pero cuando derribé a Viroche me llevaron en andas. Al otro día los diarios titularon "Un salteño de oro", algo anecdótico porque ese año también gané el premio de la FAB al Gallo de Oro.

¿Ese es el mejor recuerdo que tiene o hay más?
Recuerdo varias cosas, una de ellas son mis inicios en Buenos Aires cuando guanteaba con los mejores boxeadores del país tras ser seleccionado por la FAB con apenas 15 años para ir a los Juegos Olímpicos.
Por un conflicto social de ese entonces esa selección se desarmó, aunque yo me quedé en Buenos Aires entrenando, bajo la conducción de don Alfredo Porcio.
Pero la noche en la que gané el título argentino es la más hermosa. Todavía me viene esa nostalgia, la emoción de todo lo que viví. Haber pasado algo tan lindo.

¿Cuál fue el motivo para dejar la actividad?
Hubo una época en la que me decían que no andaba bien de la cabeza y era verdad. Los asaltos que sufrí en reiteradas ocasiones y los problemas que surgieron a raíz de un accidente con un auto de la vinería que manejaba, me consumieron. Tuve que dejar todo, hasta el boxeo. La pasé mal después de dejar de boxear, pero gracias a Dios logré salir adelante. Me volví a reencontrar. Digo esto porque realmente andaba perdido y ahora ando tranquilo.

¿Qué consejo les daría a los boxeadores que se inician?
Que no pierdan las oportunidades que se les presenten y que lo hagan con mucha responsabilidad. Sepan aprovechar. El tiempo pasa y se va. Entonces que le demuestren al público todo lo que saben y son capaces de hacer arriba del cuadrilátero.

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