Mientras salta la piola, Diego Vidaurre fija su mirada en un cartel que está enfrente y arenga "No a las drogas", en el inicio de su entrenamiento vespertino, previo a su último combate en el amateurismo mañana, en el club San Martín.
Recién suelta la soga cuando su entrenador Claudio Tula lo llama y presenta al equipo periodístico de El Tribuno que fue a charlar con el púgil que hace solo 25 días recuperó su libertad. Minutos después, recuerda los momentos más complicados que tuvo desde 2009, cuando -según comenta- fue detenido por intento de homicidio durante una pelea.
Procedente del barrio La Paz, Diego, de 27 años, asegura que el boxeo era esquivo en su vida hasta unos pocos días después de haber ingresado al penal de Villa Las Rosas. "Hasta ese momento llevaba una vida desordenada con vicios y estaba excedido de peso. Ahí me enteré de que iban a abrir la escuela Carlos Monzón y por curiosidad fui a ver", dijo.
Los sargentos Tula y Toconás, integrantes del Servicio Penitenciario, se encargaron de hablar con Vidaurre y solicitarle compromiso a la hora de boxear. "Me vieron condiciones y que tenía ganas de aprender", recuerda el púgil.
"Mi primera meta fue bajar los 95 kilos, y con el entusiasmo de los entrenadores lo pude lograr. Al principio corría cinco minutos y no me daba más el aire por esa mala vida de los vicios y era una cuestión de tirar todo eso. Así empecé a perseverar y a correr media hora, hasta que seguí progresando y ahora entreno a la mañana y a la tarde", agregó.
Más allá de un futuro prometedor, Vidaurre está seguro de que lo que significa el boxeo: "Me ayudo como persona porque me disciplinó para dejar todos los vicios. Ahora no consumo nada y me siento bien con practicando este deporte".
El exconvicto se refirió también al ejemplo que puede llegar a dar desde su reinserción a la sociedad: "A mis amigos que me veían entrenar y me daban fuerzas, yo ahora quiero animarlos a que se puede salir de los malos hábitos y que el deporte te da una mejor vida".

Los primeros combates
Pese a estar alojado en el pabellón E, uno de los sectores más complicados del penal, Vidaurre señala que sus primeras peleas ayudaron a que pueda sobrellevar una vida con responsabilidad y sin complicaciones innecesarias.
"Yo sabía que tenía que asumir un compromiso. Me avisaban que peleaba y proponía cuidarme, y eso implicaba estar bien física y anímicamente, como así también bajar los 25 kilos que perdí", dijo.
Su primer combate quedó grabado en su memoria porque tuvo la sensación de haber quedado en libertad, al menos por unas horas.
"Me toco pelear por primera vez un 20 de junio de 2010, en el Día de la Bandera. Esa vez salí de la cárcel por primera vez con los custodios. Recuerdo que llegué al club San Martín y cuando me quitaron las esposas, me sentí nuevamente en libertad y fue una sensación muy buena. Ese día me convencí de que el boxeo me iba a ayudar bastante como persona y también para recuperar mi tan ansiada libertad que logré hace unos días", dijo.

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