El tenista suizo Stanislas Wawrinka conquistó hoy su primer título de Roland Garros , al superar en cuatro disputados sets al número uno del mundo, Novak Djokovic , por 6-4, 4-6, 3-6 y 4-6. El helvético, preclasificado número 8 del torneo, hizo gala de su habitual sangre fría y logró sorprender al favorito Djokovic con la precisión de sus golpes, en especial su imparable revés.

De hecho, selló su victoria en el segundo match point del que dispuso con su golpe ganador número 60, un revés paralelo letal al fondo de la línea.
El Abierto de Francia es el segundo título del Grand Slam que conquista Wawrinka, tras el Abierto de Australia de 2014. Con esta, Djokovic perdió ya tres finales en Roland Garros, el único título del Grand Slam que le falta.

Tres finales perdidas

Djokovic, que había eliminado en los cuartos de final al propio Nadal y en semifinales a Andy Murray (Nº 3), pierde así su tercera final de Roland Garros, tras haber caído en 2012 y 2014.
El serbio, favorito en todas las apuestas, sucumbió a la presión de lograr el último Grand Slam que falta en su vitrina. "No es fácil para mí hablar, pero debo decir que en la vida hay cosas más importantes que las victorias, y una de esas es el respeto. Tengo mucho por ti, eres un gran campeón, con un gran corazón y te lo mereces", dijo Djokovic a Wawrinka en la ceremonia de entrega de trofeos.
"Te felicito por tu gran carrera. Pasamos mucho tiempo juntos, a menudo entrenamos, y te deseo que ganes Roland Garros", le devolvió Wawrinka.
El serbio comenzó con solidez, apuntándose la primera manga, pero no fue capaz de mantener el nivel ante un Wawrinka que se creció hasta alcanzar la excelencia, con 60 golpes ganadores por los 30 que logró Djokovic.
Tras seis juegos de gran calidad e igualdad, una desconexión de Wawrinka llevó al número uno a firmar un juego en blanco, cediendo el servicio con su primera doble falta del partido.
Djokovic, sereno a estas alturas del envite, no falló y aprovechó el break para convertirlo en la primera manga.
Wawrinka había saltado a la final dispuesto a morir matando, fiándolo todo a la potencia de sus golpes pero enfrente tenía a un Djokovic convertido en una roca defensiva.
El suizo se dio cuenta de que tenía que variar la receta. Empezó a combinar la potencia, siendo capaz de encadenar series de golpes a la línea, con la sutileza, con bolas sin altura que buscaban los ángulos. Su cambio le dio resultado.

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