Nada para elogiar y mucho para criticar. Desde una Selección chilena que no se amedrentó en ningún momento hasta un Gerardo Martino que volvió a plantear un mismo esquema de juego y demostrar no tener un plan B en momentos decisivos, esta copa tuvo de todo.
Si bien desde el primer momento y al correr de los partidos crecía la sospecha y el favoritismo hacia el local, ayer demostraron porqué hicieron historia. No solo jugaron de igual a igual, sino que lograron neutralizar al mejor jugador del planeta y desconcertar a un equipo "messidependiente".
Y, además, el Tata, que sintió "tristeza" y no "vergüenza", volvió a fallar y quizás por un capricho dejó nuevamente afuera a Carlos Tevez, un jugador ofensivo que demostró siempre dejar todo en la cancha, y poner a un Higuaín, "pecho frío" y sin definición, como otros argentinos que ni siquiera conocen las letras del Himno Nacional.
Ya está. Pasamos de ser los favoritos al olvido. ¿O quizás el triunfalismo puede más que una derrota real?

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