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Perdido. Sin rumbo. En medio de un océano de dudas, de desaciertos, de bajas individualidades. Ni Lionel Messi pudo salvarse del barullo y el desconcierto del seleccionado argentino, por una nueva y dura, durísima derrota: 0-3 ante Brasil. Era el partido de la reivindicación, pero terminó confirmado las pésimas decisiones que está tomando el Patón Bauza y la floja respuestas de los que resuelven adentro. En todas las líneas. Ni con el regreso de La Pulga.
Argentina siguió sin ideas futbolísticas, fue vapuleada y pone en riesgo su clasificación al Mundial Rusia 2018.
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Philippe Coutinho, Neymar, la gran figura del superclásico sudamericano, y Paulinho, nos dieron la peor derrota del año.
El camino de la Argentina en las eliminatorias encuentra obstáculos cada vez más grandes debido a un rendimiento decididamente malo, colectivo e individual. Y gracias al triunfo de Perú, más el empate de Chile, el conjunto albiceleste pudo mantener el sexto puesto en las posiciones (ver página 38).
Argentina fue un equipo superado en la cancha, apático, sin resolución y sin ideas. Messi-dependiente, en el crack rosarino tampoco encontró la solución, porque si se compara a las dos grandes estrellas de la noche, Neymar le sacó una enorme distancia.
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El astro brasileño tuvo socios en la cancha, y Messi, más allá de su actuación decepcionante, cuando levantó la cabeza no encontró a Di María, que cada partido juega peor, ni a Higuaín, tampoco Biglia.
El equipo de Edgardo Bauza, intentó ser protagonista y duró unos minutos, solo le generó peligró al rival con un disparo de media distancia de Biglia.
En cuanto Brasil encontró espacios, lastimó a la Argentina. Con Neymar, armó un ataque peligroso, veloz y contundente.
Los goles de Coutinho, de brillante definición al ángulo tras quitarse con facilidad la marca de Nicolás Otamendi, y de Neymar, con una escapada a espaldas de toda la defensa en el pase de Gabriel Jesús, dieron cuenta de la diferencia entre los equipos, con Brasil mostrando pocos toques, pero sí una idea y decisión.
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El partido se terminó en ese primer tiempo. Argentina siguió sin respuesas con la inclusión de Sergio Agüero. A todo esto, Messi, fastidioso, vio cómo la pelota pasó de un costado a otro y cómo Brasil se agrandaba con la batuta de Neymar y la compañía en juego asociado de Dani Alves, Coutinho, Paulinho, Gabriel Jesús y Renato Augusto.
La tercera conquista, de Paulinho, dejó en ridículo al equipo que por entonces deambulaba partido, quebrado, con Mascherano corriendo siempre por detras, llegando tarde y una zaga central desarticulada por completo.


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