Contra todos los pronósticos, Fabrizio Damián Calero (15) tiene una vida repleta de hazañas, esas que comenzaron tras su trágico accidente a los dos años y medio, cuando caminaba por el patio de su casa e introdujo uno de sus brazos en el secarropas que estaba en funcionamiento.
El resultado fue la pérdida total del brazo izquierdo, hemorragia incontrolable y casi su muerte. Pero después de varios días en terapia intensiva logró gambetearla, como lo hace ahora con sus rivales en la quinta de Sanidad, donde juega de enganche al fútbol, y sus ganas de superarse salvaron a una familia que estaba prácticamente destruida.
"Cuando ocurrió ese hecho, los médicos dijeron que teníamos que esperar lo peor, era muy difícil que sobreviva. Ponerle el brazito no se podía, estaba astillado. Estuvo en terapia y después de eso, cuando se recuperó, pasó a otra sala donde se levantaba solo. 'Quiero ir al baño', y cuando lo quería ayudar, me decía: 'Yo puedo mamá', era su lema", contó a El Tribuno su madre, Claudia Aramayo.
"Era tan independiente, un poco terco, entonces lo que quería hacer lo hacía. Apenas pudo levantarse empezó a jugar a la pelota. Él nos sacó adelante porque estábamos mal. Mi hijo más grande no paraba de llorar, mi hijo del medio se quedó un tiempo callado. Nos afectó mucho", añadió.
Su papá Sergio recordó los días posteriores al que Fabrizio metió su mano en el secarropas, cuando él lavaba las prendas de vestir para que sus hijos, Claudio y Arnaldo, comiencen horas después el tercer y primer grado, respectivamente.
"Los médicos nos decían: 'El brazo o el nene'. Nos habían desahuciado. De hecho habíamos ido a buscar el cura porque no le daban esperanza de vida y Fabrizio seguía en terapia intensiva. En esa época pasaban unos dibujitos que se llamaban 'save-ums pequeños y poderosos', él decía que era un save-um. Me puse a llorar en la terapia y lo hablé: 'Vos viste hijo, el papá no tiene trabajo, la peleó, como sea ustedes tienen todo, tanto en lo material como en lo emocional. Vos sos un save-ums, al diablo de m... hacelo sonar'. Te juro que a los 5 minutos, un médico me dice: 'No sabemos qué pasó, pero si sigue así, en media hora entra al quirófano'. Así comenzó su recuperación".
Pese a su pronta mejoría, los padres de Fabrizio entendieron que lo mejor que podían hacer era tener una atención más personalizada hacia él, pero fue su propio hijo quien les demostró que estaban equivocados.
"Un día quiso andar en monopatín y le dije que era peligroso, así que lo escondí arriba del placard. No sé cómo se las ingenió, pero lo sacó y se puso a andar. Cuando lo vi, no lo podía creer y él me decía: 'Mirá, si puedo pá', y yo con unos lagrimones entendí que lo estaba limitando al no dejarlo hacer cosas".
"Su fuerza nos sacó adelante. Una vez la psicóloga me dijo que nosotros somos el espejo de Fabrizio y que si él nos ve mal, también va a estar mal. Pero lo vimos tan fuerte, que nos terminó levantando a nosotros", completó su mamá Claudia.

  • La fe, lo último en perderse
El papá de Fabrizio es quien sábado a sábado acompaña a su hijo y al resto del equipo de Sanidad en los partidos de la Liga Salteña de Fútbol. Él dejó un mensaje para los padres en su misma situación: "Yo les diría que no le no pongan límites a sus hijos si sufren de una discapacidad. El límite está arriba, ellos pueden llegar donde se propongan, mientras quieran pelearla. No es fácil porque si fuera por mí, lo tendría en una cajita de cristal".
"Estamos aferrados a la fe. Cuando él salió de la operación nos preguntó: '¿Dónde está el nene?'. No había ningún nene, era un ángel de la guarda", cerró Sergio.

  • El fútbol y los desafíos
Fabrizio Calero es de esos futbolistas que hablan más adentro de la cancha que afuera y muestra su timidez cuando se prende el micrófono, pero no a la hora de eludir a sus rivales.
Sin embargo, el “enganche” de la quinta división de Sanidad que pelea el torneo junto a Juventud Antoniana se animó y habló con El Tribuno sobre su vida y su etapa como deportista.
“Empecé a jugar al fútbol en la novena división de Peñarol, a los 8 años, porque vivimos cerca y porque siempre me gustó este deporte”, dijo.
“Yo me siento cómodo jugando y creo que le saco ventaja a los rivales por la forma en como me paro en la cancha”.
“Estaría bueno que los chicos que sufrieron alguna dificultad como yo, que prueben hacer algún deporte y que no tengan miedo”, completó.

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